La madeja de Ariana

Ésta es mi historia. Después de haber trabajado y nadado por varios años como gestora, comunicadora, productora y videoperiodista cultural para medios impresos y de televisión (Telesur, APTN, VOA), centros culturales, embajadas y festivales de cine, principalmente en Washington D.C., decidí emprender mi primera aventura profesional con las Naciones Unidas como Productora de Multimedia. Muchos dicen que tuve suerte, y otros dicen que estoy loca. Y, ¿adivinen dónde? Nada mas y nada menos que en Afganistán. Si, ese nombre que sueles escuchar en las noticias todos pero todos los días y que quizás ya te tenga mareado o preocupado. Si, ese país, cuyo nombre tiene el volumen tan alto que no hay manera de bajarlo.

Cuando me hicieron la oferta, no lo pensé dos veces. Me dije a mi misma que “es el lugar donde tengo que estar”. Y es que mi vida profesional se había vuelto un poco monótona. Nadé en diferentes aguas, desde la creación de la agencia y revista cultural DC-Cultura en el semanario La Nación USA, Festivales de Cine, por Telesur TV, APTV y luego me fui a España a estudiar mi Maestría. Justo después de terminar mi Mestría en Producción y Dirección de Documentales en Barcelona, España, y de haber realizado mi primer documental “Escola de Circo” como parte del Master, terminé trabajando en el cementerio de periodistas de “la Voz de America” (todos tenemos nuestras debilidades). No me puedo quejar, porque no pasé por el purgatorio, ni tampoco estuve cerca de la muerte, y tampoco me censuraron, porque aunque no se crea, allí crecí muchísimo profesionalmente y pude producir un informativo “El Mundo Al Día” y la revista política “Foro Interamericano”. Pero lo mejor de esa experiencia en VOA, fue crear y producir mi propio programa cultural de televisión “ArteKultura” y con muy pocos años de edad. Y como me costó al principio convencer a los ejecutivos de la necesidad de crear un espacio cultural.”ArteKultura” es hoy una revista cultural sólida que documenta e informa las tendencias culturales de Washington y de distintas partes del mundo, con un lenguaje fresco y coloquial, impulsando y apoyando el trabajo de artistas de los más variados orígenes, convirtiendo su experiencia en historias que merecen ser contadas.

Bueno, pero volviendo al tema, al final sentía que me estaba volviendo un robot. Y, no, no me quejo, porque allí viví momentos particularmente dulces, sobre todo con la victoria de Obama y el hambre de cambio que se estaba, o se está aun, viviendo por todos los rincones del país, y sobre todo en la ciudad capital. Por primera vez en muchos años, era un honor decir que trabajabas para Obama. Pero yo realmente quería seguir haciendo documentales y meterme mas en el mundo de la antropología audiovisual, en el mundo humanitario y de la capacitación institucional e individual de productores afganos, así que cual “Kuchi” nómada, me entraron unas ganas enorme de salir corriendo a hacer trabajo de campo.

Ya caminaba por las calles de Washington asfixiada. Ya se que es un lugar donde muchos periodistas sueñan llegar. ¿Por qué no? Washington es una gran ciudad y, para quienes la conocen como yo, allí no sólo se vive de la política. Pero necesitaba respirar profundo, necesitaba respirar otros aires y necesitaba respirarlos en otro lugar. Fue así que le pedí al Universo que me diera una señal para saber dónde ir; y fue así como el Universo me trajo a “Kafkastan”, por no decir a esta absurda guerra.

El mágico hilo de la Princesa Ariadna, hija de Minos y Pasifae, los reyes de Creta, en la mitología griega, permitió al joven y valiente héroe Teseo, hijo del Rey Egeo, salir del laberinto luego de haber dado muerte al Minotauro, criatura horrible con cuerpo de hombre y cabeza de toro. Esta historia me dio el nombre que me representa, además Ariana es uno de los nombres antiguos de Afganistán, de sus regiones vecinas y de sus tribus nómadas indo-europeas-iraníes. Es así como le doy el nombre a este blog. Espero que mis historias multimedia permitan, cual hilo de oro, que los pensamientos y las vivencias salgan del laberinto geográfico y cultural en cual me encuentro sumergida en este momento de mi vida profesional y así poder compartirlas con ustedes. Quizás, puede que yo no logre cambiar la realidad de este lugar, pero será todo un placer compartirla con ustedes, sobre todo compartir esa realidad fascinante de un pueblo que tienen tantas cosas buenas que contar y que ustedes tristemente no pueden ver y leer a la distancia.

El pueblo afgano es un pueblo que ha sufrido mucho, pero es un pueblo que define lo dinámico que es el ser humano. En este lugar, a pesar de todo, la vida sigue y continua. Aquí, los afganos también cantan, bailan, ríen, lloran, aman y viven intensamente cada momento de sus vidas. El telón se abre y se cierra constantemente. A veces hay aplausos y a veces no. Y… que bueno que sea así.

Es así que te invito a acompañarme, a través de escritos, fotografías y videoreportajes, a ver un poquito de lo que el mundo, por intereses mezquinos, no ve ni conoce de Afganistán.